El dinero no se duplica · Episodio 6 de 7
Dos saldos para la misma cuenta
Laura deja una fianza de 200 € al entrar en un hotel. Su saldo disponible baja 200 €; su extracto no dice nada. El hotel no cobrará nunca la fianza, y el banco no lo sabrá hasta que pasen siete días. Durante días, la cuenta de Laura tiene dos saldos que no coinciden, y es a propósito.
El punto de partida
Los dos episodios anteriores fueron una pelea por que todos vieran el mismo dato al mismo tiempo: aislamiento, bloqueos, reintentos. Hay un sitio del banco donde esa pelea se perdió hace décadas, y nadie la echa de menos: las tarjetas.
Cuando Laura paga con tarjeta, la red de tarjetas pide autorización y el banco crea una retención: baja el saldo disponible, no el contable. Uno o dos días después, llega la liquidación y la retención se convierte en un movimiento. Entre una y otra, el banco no está de acuerdo consigo mismo: Tarjetas sabe algo que el extracto todavía no.
¿Cuánto tiempo?
La consistencia eventual promete que, si no llegan más cambios, todo acaba coincidiendo. No dice cuándo. Y algunas retenciones no liquidan nunca: la fianza de un hotel, un pedido cancelado. Por eso el dominio tiene una regla: si la liquidación no ha llegado a los 7 días, la retención se libera.
¿Por qué siete? Pruébalo. La simulación es la semana de Laura: la fianza del hotel, la compra del súper, un pedido en una tienda online que tarda cuatro días en liquidar, una cena, un billete de tren de 300 € el día 6 y el recibo de la luz el día 9. Elige a los cuántos días se liberan las retenciones y pasa los días.
Qué ha pasado
- Liberar demasiado pronto es arriesgar el dinero del banco. La retención de la tienda se libera antes de que liquide, la app le enseña a Laura dinero que ya está comprometido y Laura lo gasta. La liquidación llega igual y la cuenta queda en negativo.
- Liberar demasiado tarde es bloquear el dinero del cliente. La fianza del hotel sigue restando el día 9 y el recibo de la luz se devuelve, aunque el saldo contable lo cubre de sobra. El recibo se carga contra el disponible, como dicen las reglas de las domiciliaciones, y el disponible miente a la baja.
- Con siete días, la ventana es justo la que hace falta: lo que tardan casi todos los comercios en liquidar.
La duración del desacuerdo no es un detalle técnico. Es una decisión de negocio que reparte un riesgo entre el banco (liberar pronto) y el cliente (liberar tarde). La consistencia eventual no se tolera: se diseña, con un plazo y con alguien que sepa qué pasa cuando se cumple.
No todos necesitan lo mismo
El saldo de Laura lo leen muchos, y no todos necesitan la misma garantía. Hay un espectro de promesas sobre lo que ve quien lee un dato que otros están cambiando: desde que todos vean siempre lo último (fuerte) hasta que acaben viéndolo cuando dejen de llegar cambios (eventual). En medio hay una muy útil: que cada uno vea al menos lo que ha hecho él.
Elige qué garantía necesita cada lector del saldo y comprueba qué pasa.
Lo máximo para todos sale caro
La tentación es pedir la garantía más fuerte para todos, «por si acaso». Pero la fuerte obliga a que quien escribe espere a que todas las copias se enteren, y a que quien lee pregunte a quien tiene la última. Pedirla para un informe mensual es acoplar todo el banco a algo que se hace una vez al mes.
Y pedir la más débil para Laura es enseñarle un saldo en el que no se puede fiar: paga, vuelve a la pantalla, el saldo no ha bajado y lo repite. El dinero no se habría duplicado por un fallo técnico, sino porque Laura no vio lo que había hecho. Cada lector tiene su garantía, y elegirla es parte del diseño.
Cómo se construyen esas lecturas (copias del saldo, vistas separadas para leer) es otra serie: lecturas frente a escrituras.
Para llevarse
- La consistencia eventual no es un fallo que se tolera: la banca la usa desde hace décadas con las tarjetas.
- Lo que hay que decidir es cuánto dura el desacuerdo y qué pasa cuando se acaba el plazo. Es un reparto de riesgo entre el banco y el cliente.
- Cada lector necesita su garantía: fuerte para la decisión que mueve dinero, leer lo propio para quien acaba de actuar, eventual para quien lee al final.
Todo esto suponía que las partes del banco se pueden hablar, aunque sea con retraso. ¿Y si se corta la red entre ellas?
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